"con el concepto sobreimponemos una representación a lo real para después exigirle a lo real que se comporte como la representación" (Lewkowicz, I. ¿Existe el pensamiento infantil? en Pedagogía del aburrido)

“…Uno tiene que denunciar con el arte, y esta película (“Tropa de elite”) expone lo cruel que es la realidad (…) la película podría haber sido un documental, y muestra, con todos los recursos, la mayor realidad posible (…) el film denuncia un problema muy duro y arraigado (…) Tropa de elite es casi un documental…” (Eduardo Constantini (h). Productor Ejecutivo. En Cinemania, abril de 2008)
A propósito de estas palabras debo abrir el debate que nos lleve a una reflexión sobre ciertas discursividades adudiovisuales por su naturaleza icónica: ¿reflejo o representación?
La metáfora del reflejo, falaz y traicionera, oculta toda noción de representación. Las huellas del enunciador son borradas completamente y presenta su discurso como “la verdad” (tan típico del periodismo). Pero debemos dar paso a la noción de representación
En efecto, se suele creer que las “imágenes son un fiel reflejo de la realidad” como un registro que no ha sido intervenido. Las realizaciones audiovisuales que se asumen a si mismas como “documentales” toman la forma de “testimonio” en la que el soporte sólo se limita a mostrar lo que sucedió. Sin embargo
“…los documentos que nos ofrecen los medios de comunicación no son un mero reflejo de la realidad que representan, no son ventanas al mundo, no son trozos de realidad plasmados en un soporte; son construcciones, formas de representar una realidad (…) A pesar de su aspecto ‘natural’, los productos de los medios son cuidadosas elaboraciones que obedecen a razones técnicas, a condicionamientos del propio lenguaje, y por supuesto, a las intenciones de sus creadores (…) en representaciones como la fotografía o la imagen en movimiento llega a confundirse la imagen con la realidad en el sentido de considerar aquella como fiel e incuestionable reflejo de la realidad representada. (…) A pesar de la ingente cantidad de mensajes y documentos audiovisuales a los que cada día nos enfrentamos, no se ha desarrollado suficientemente una alfabetización audiovisual (…) para entender cómo las imágenes y los sonidos crean significados, y menos aún, con la capacidad de reflexionar sobre tales signos” (Gutiérrez Martin, A. 2003. 2: La dimensión digital de la alfabetización múltiple en Alfabetización digital. Algo más que ratones y teclas. Gedisa. España.)

Recorriendo
youtube.com hallé -por casual causalidad- este
trailer. Parece que ¿alguien? ¿álguienes? estrenarán en el 2009 un documental llamado
Saicomania . Un retrato que promete sacar a la luz a la mítica banda peruana que a mediados de los '60s se despachó con
Demolición, un hit que fue calificado de "proto-punk". A lo criollo: una canción que podría ser reconocida como el eslabón perdido del punk inglés... sólo que nació 10 años antes en un lugar ignoto del tercer mundo: Perú.
Aún queda por descubrir quiénes son los autores intelectuales de tal obra cinematográfica. Seguiré investigando...
“Guillermo del Toro presenta”…
El Orfanato, un film de
Juan Antonio Bayona.
Cuando vi el póster recordé dos de las películas de
Del Toro (¿casualmente? el productor y padrino del largometraje que hoy nos convoca):
El espinazo del diablo (2001) y
El laberinto del fauno (2006) son dos largometrajes dirigidos por
Guillermo del Toro que anidan historias fantásticas, con niños huérfanos y cuentos de hadas.
El Espinazo del diablo inicia con una maravillosa voz en off a cargo de Federico Luppi que se preguntaba y asimismo se respondía:
¿Qué es un fantasma? Un evento terrible; Condenado a repetirse; Una y otra vez ...El Orfanato (2007) es una coproducción española-mexicana (
Bayona es español;
Del Toro, mexicano), y entre las figuras del elenco, hay dos figuritas sorpresas-aunque inmediatamente reconocibles-:
Edgar Vivar; a quien conocimos en la vecindad del
Chavo del Ocho como el Sr. Barriga. Y
Geraldine Chaplin, ambos en papeles menores pero absolutamente brillantes... ¡Impecables! ¡Intachables!
Es un largometraje de terror que no cae en clichés abusivos, tan típicos de ese género. En cambio, se trata de un texto que elabora su relato de horror de manera sutil y efectiva.
Laura y Carlos son los padres adoptivos de Simón, un niño peculiar que juega con amiguitos imaginarios y está infectado con hiv. Sus padres han preferido no contárselo.
Los tres se acaban de mudar a la misma casa en la que Laura pasó un tramo de su niñez. También huérfana, creció allí hasta que un pareja la adoptó. Ya siendo adulta, volvió al viejo hogar para convertirlo junto con su marido en una residencia para niños con imposibilidades motrices.
Mientras tanto, Simón encuentra en esas paredes más amiguitos imaginarios: niños que vivían allí desde hace mucho tiempo. Laura y Carlos le prestan poca atención a las nuevas amistades del niño, hasta que Simón les advierte que sus nuevas compañías le han dicho que no eran sus padres sanguíneos y que él tenía una enfermedad incurable.
Laura y Carlos, estupefactos le explican la verdad a Simón.
Poco tiempo después el niño desaparece. Allí es cuando Bayona despliega muy cómodamente estrategias propias de las películas de terror que tienen que ver con fantasmas y con espíritus insatisfechos que circundan la vida de Laura, Carlos y que tienen que ver con la desaparición de Simón.
Dato de copetín: Bayona le dedica un homenaje explícito a
El Espinazo del Diablo (2001) cuando uno de sus personajes se pregunta en voz alta lo mismo que se preguntó Luppi en aquel film: “
¿Qué es un fantasma?” y quien siguió firmemente la filmografía de
Del Toro sabe qué responder:
Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez. Un instante de dolor, quizá. Algo muerto que parece por momentos vivo aún. Un sentimiento, suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa como un insecto atrapado en ámbar
Un fantasma, eso soy yo
para ver el
trailerpágina oficial de la película